viernes, 1 de marzo de 2013

Independentismo (I): Derechos y proyectos políticos

En mi reciente texto No soy demócrata me refería críticamente a las declaraciones de los representantes de los partidos que apoyaron la "declaración de soberanía" aprobada por el Parlament de Catalunya en Enero. Todos ellos negaban que se tratase de la apertura de un proceso independentista (es decir, la evidencia), sosteniendo en su lugar que simplemente defendían la democracia. Un razonamiento que dejaba a los partidos que no iban con ellos fuera de ese concepto, como si sus escaños hubieran salido de un sorteo o caído del cielo en lugar de proceder de los votos de miles de ciudadanos catalanes.

Es fácil ver la motivación que hay detrás de estos juegos de palabras. El público que, pudiendo elegir entre varias opciones, prefiere la independencia de Cataluña es entre un 29% y un 34% del total, según las encuestas del Centre d'Estudis d'Opinió en 2012 [1]. Miles de catalanes se encuentran distantes o en total desacuerdo con el proyecto de separar a Cataluña del resto de España. Recubriendo ese proyecto de un manto demócrata, sus defensores pretenden aumentar su apoyo para conseguir que sea ampliamente mayoritario. La idea es montar una consulta sobre la independencia con el apoyo tanto de independentistas como de no independentistas. Siguiendo su lógica, para ser "demócratas" no sólo los catalanes deberíamos montar esa consulta, sino todas las demás autonomías: Murcia, Andalucía, Extremadura... si luego sale un 99% contrario a la independencia, no importa; se habrá "garantizado un derecho democrático básico", que se niega perversamente a los ciudadanos si se está en contra de celebrarla.

CiU y ERC, con el apoyo total de ICV-EUiA y parcial del PSC, plantean centrar esta legislatura y probablemente la siguiente en un debate sobre el llamado "derecho a decidir", en lugar de dejarse de rodeos y admitir que lo que hacen es precisamente lo que niegan. A la frase de Joan Herrera (ICV-EUiA), por ejemplo: "No hay un debate entre soberanistas y los que no lo son, sino entre quienes quieren que se reconozca un ejercicio democrático y los que no", para que sea verdadera hay que darle la vuelta. De lo que realmente se trata no es de "reconocer un derecho democrático", sino de un plan soberanista cubierto con cortinas de manifiestos teóricos, derechos y preguntas, como en aquellos libros de "elije tu propia aventura" que te vendían que la historia no estaba predefinida sino que la elegirías tú al leerla.

Este planteamiento me parece engañoso e inútil. Engañoso porque se juega con las cifras del apoyo a la hipotética consulta como si fueran autodeterministas, utilizándolas como un argumento más a favor de la autodeterminación, como piezas en un camino que tiene un destino muy definido: la independencia. E inútil porque en el centro del debate no debería ponerse un derecho teórico a hacer algo, sino precisamente ese algo: el proyecto político independentista como tal, con sus supuestas ventajas y sus inconvenientes.

En lugar de plantear una Cataluña independiente, fuera de la Unión Europea (sería una consecuencia automática) y en la que el Barcelona tendría como rivales más fuertes por el título de Liga a Espanyol, Girona y Sabadell, se ignora cualquier debate sobre los contenidos y se reduce a una simple cuestión de reconocimiento de derechos.

En la Historia se ha hablado de derechos en diferentes momentos, y de forma importante. El derecho a votar de la mujer, el derecho de una pareja homosexual a llevar su vida con normalidad, el derecho de un niño a ser educado aunque su familia se encuentre en situación de pobreza o sus padres sean fanáticos de alguna creencia que proscribe dicha educación. Son todos ellos derechos individuales que se traducen en posibilidades de acción inmediatas de las personas. La mujer votó, los homosexuales regularon su relación de pareja, el niño recibe efectivamente la educación.

Los proyectos políticos no es útil plantearlos sólo en términos de derechos. ¿Tiene Cataluña derecho a ser independiente? ¿Tiene La Rioja derecho a instaurar un régimen de comunismo, aboliendo la propiedad privada? ¿Tiene Galicia derecho a unirse a Portugal? ¿Tiene Inglaterra derecho a abolir la libra? ¿Tiene Estados Unidos derecho a instaurar un sistema universal de salud? Lo interesante aquí no es el derecho teórico, sino el proyecto político real que se defiende y las ventajas e inconvenientes que supondría el cambio de la situación actual a la defendida por dicho proyecto. Pero en el caso de la independencia de Cataluña se están invirtiendo los términos, cosa que a mi entender distrae y confunde a una parte de la ciudadanía. Dicha inversión de términos no es inocente, sino que como he dicho pretende conseguir mayorías que de otro modo serían mucho más complicadas.

Además, tras anunciar dicho "derecho" desde el independentismo, se exige al gobierno español que lo garantice, reformando la legislación y poniendo todos los instrumentos a disposición de quienes pretenden usarlo para hacer efectiva la independencia. Así se traslada la pesada carga de resolver las dificultades legales que entraña el proyecto precisamente a quienes no tienen ni el más mínimo interés en realizarlo.

El PSC se está perdiendo en medio de esta marisma. Esta semana ha dado apoyo en el Congreso a la negociación del gobierno estatal con el de Cataluña para la celebración de una consulta sobre la independencia. Dos partidos hasta ahora asociados y que comparten grupo parlamentario, PSOE y PSC, discrepan fuertemente sobre un "derecho", aunque al fin y al cabo el PSC insiste en que no quiere que se materialice la independencia.

Cuando alguien te invita a subir a tomar la última copa no te planteas si tienes derecho a subir, sino si quieres hacerlo. Pere Navarro duda ante el portal, convencido de que tiene derecho a subir pero aclarando que no va a tomar nada. Se lía, vacila, se explica mal, pero ahí está al final su apoyo al inicio de un proceso cuyo fin dice que no comparte. No ganará votos entre los independentistas, que ya tienen un buen surtido de opciones, pero está perdiendo buena parte de los suyos. Es libre de hacerlo, por supuesto; tiene derecho. Pero ¿es ésta la contribución que Cataluña necesita ahora de un partido no independentista? Creo que no.

Díganme si quieren la independencia o no, pero no me mareen más con debates sobre el derecho a quererla. Deseen lo que quieran, díganlo claramente y luego trabajen para ello. Ustedes. Sin mi colaboración. Sin mi voto.
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[1] A esas cifras habría que restar algunos puntos para que fueran más realistas, si tenemos en cuenta el enorme sesgo de las muestras que utiliza el Centre d'Estudis d'Opinió, que sobrerrepresenta exageradamente a los votantes de opciones nacionalistas.

Véase también: Consideraciones acerca del independentismo (II): La independencia en el sujeto.

2 comentarios:

  1. la situación me parece enquistada. Sólo la cuestión económica "la crisis" y su gestión es la que ará que la balanza se decline. En el fondo hablar de esto es como hablar de futbol,son cosas que gusta hablar pero en el fondo no representan los problemas reales de la población.

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    1. Gracias Alberto por tu comentario.

      Es cierto que éste no es un problema real de la población, pero lo trato ahora porque por primera vez en la historia existe en el Parlament una mayoría que anuncia que planteará la celebración de una consulta por la independencia. Mi disgusto acerca de este particular, y mi consideración personal de que es una pérdida de tiempo y recursos escandalosa, no altera el hecho de que tenemos un gobierno autonómico efectivamente dispuesto a partirse los cuernos en esa dirección.

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